Esta exposición sonora fue el reflejo de una diversidad de posiciones ante la obra musical. Desde la posición intermedia entre la forma y el material sonoro; entre la música (como discurso organizado) y el arte sonoro (como expresión abstracta); hasta el gesto discursivo sin pretensiones dialécticas, mas allá de una simple expresión sonora o sonoro-visual.
El programa estuvo integrado por obras provenientes de diversas generaciones y formaciones :
"D-cajón" (Schachter), "Construcción II" (Miraglia), "Topographia" (Simpson) y "Awakening" (Miyama), expresaron su preocupación por la forma temporal y dinámica, a través de distintos tipos de gestos y materiales. En "D-cajón", la génesis del sonido es el instrumento, cuya presencia rítmica y timbrica se manifiesta durante toda la obra, en un dialogo permanente con el accionar de la tecnología, cuyo intérprete es el propio compositor. A partir de la mitad de la obra, aproximadamente, la imagen se transforma para convertirse en un tercer protagonista activo. En "Construcción II" predomina el espíritu electroacústico –proveniente de una herencia cultural analógica- en el que importa mas la sensación global producida por una masa sonora densa, que el virtuosismo puntillista de la era digital, representados por Simpson y Miyama.
“El sonido eléctrico cotidiano, inmerso en el ambiente mismo de la sala de concierto” (Barabino), "Replay" (Giuliani) y "L'Aleph" (Vieyra), estuvieron orientados hacia una búsqueda dentro del material sonoro. En este grupo se manifiestan dos vertientes : Barabino y Giuliani se detienen en la exposición de un flujo sonoro introvertido y purista, casi fisiológico; mientras Vieyra no puede sustraerse a la fascinación de un material muy dinámico, dejándolo fluir libremente en su propio espacio y con sus propias limitaciones.
Dentro de este contexto exploratorio aparecen -como una salpicadura de agua fresca- las "Tres piezas para acordeón" de Aitana Kasulin. Aquí también está presente la búsqueda de sonoridades; aunque limitada por las características y posibilidades del instrumento; enlazándose con la nostalgia del pasado, de la que el instrumento no puede desprenderse. Con un espíritu sin presunciones, la compositora titula a estas piezas “sencillas”, dejando al oyente la libertad del simple goce estético.
En "rundetaarn_06" Haro expresa sus sensaciones ante una vivencia personal, a través del registro visual y sonoro de su cámara, al que agrega luego una textura sonora ritmada que también forma parte del paisaje sonoro urbano contemporáneo, De esta manera Haro invita al publico a compartir una experiencia cotidiana, a través de una forma de percepción, mas sensorial que dialéctica.